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OYE...

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Yo seré a tu lado silencio, silencio, perfume, perfume, no sabré pensar, no tendré palabras, no tendré deseos, sólo sabré amar. Cuando el agua caiga monótona y triste buscaré tu pecho para acurrucar este peso enrome que llevo en el alma y no sé explicar. Te pediré entonces tu lástima, amado, para que mis ojos se den a llorar silenciosamente, como el agua cae sobre la ciudad. Y una noche triste, cuando no me quieras, secaré los ojos y me iré a bogar por los mares negros que tiene la muerte, para nunca más muebles de oficina Tienda online de bisuteria barco despedidas malaga alolamiento web banquetes bodas camisetas personalizadas suplementacion deportiva hosting barato Ensacadora Videncia

AHORA QUIERO AMAR ALGO LEJANO

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Ahora quiero amar algo lejano... a algún hombre divino que sea como un ave por lo dulce, que haya habido mujeres infinitas y sepa de otras tierras, y florezca su palabra en sus labios perfumada: suerte de selva virgen bajo el viento... Y quiero amarlo ahora. Está la tarde blanca y tranquila como musgo espeso. Tiembla mi boca y en mis dedos finos se deshacen mis trenzas lentamente. Siento un vago rumor... Toda la tierra está cantando dulcemente... Lejos los bosques se han cargado de corolas, desbordan los arroyos de sus cauces y las aguas se filtran en la tierra así como mis ojos en los ojos que estoy soñando embelesada... Pero ya está bajando el sol tras de los montes... Las aves se acurrucan en sus nidos ... la tarde ha de morir, y él está lejos ... Lejos como este sol que para nunca se marcha, y me abandona, con las manos hundidas en las trenzas, con la boca húmeda y temblorosa, con el alma sutilizada, ardida en la esperanza de este amor infinito que me vuelve dulce y hermosa...

INDOLENCIA

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A pesar de mí misma te amo; eres tan vano como hermoso, y me dice, vigilante, el orgullo: «¿Para esto elegías? Gusto bajo es el tuyo; no te vendas a nada, ni a un perfil de romano» Y me dicta el deseo, tenebroso y pagano, de abrirte un ancho tajo por donde tu murmullo vital fuera colado... Sólo muerto mi arrullo más dulce te envolviera, buscando boca y mano. —¿Salomé rediviva? —Son más pobres mis gestos. Ya para cosas trágicas malos tiempos son éstos. Yo soy la que incompleta vive siempre su vida. Pues no pierde su línea por una fiesta griega y al acaso indeciso, ondulante, se pliega con los ojos lejanos y el alma distraída. Alfonsina Storni