ASI EL DESEO, COMO EL ALBA CLARA
Don de la ebriedad IV Así el deseo. Como el alba, clara desde la cima y cuando se detiene tocando con sus luces lo concreto recién oscura, aunque instantáneamente. Después abre ruidosos palomares y ya es un día más. ¡Oh, las rehenes palomas de la noche conteniendo sus impulsos altísimos! Y siempre como el deseo, como mi deseo. Vedle surgir entre las nubes, vedle sin ocupar espacio deslumbrarme. No esta en mí, está en el mundo, está ahí enfrente. Necesita vivir entre las cosas. Ser añil en los cerros y de un verde prematuro en los valles. Ante todo, como en la vaina el grano, permanece calentando su labor enardecido para después manifestarlo en breve más hermoso y radiante. Mientras, queda limpio sin una brisa que lo aviente, limpio deseo cada vez más mío, cada vez menos vuestro, hasta que llegue por fin a ser mi sangre y mi tarea, corpóreo como el sol cuando amanece. Claudio Rodríguez